Apoyar no es sinónimo de cargar

24/05/2017

 

 

El cuestionamiento filosófico ha sido a lo largo de mi vida, mi mejor compañero.  Ahora ha tomado la forma de reflexiones gramaticales que me surgen sobre el tapete a la hora de practicar yoga. Suelo rumiar estos cuestionamientos durante mucho tiempo ya que me ayudan a observar la profundidad de las sutilezas del lenguaje y las grandes diferencias que existen en conceptos que normalmente consideramos como sinónimos.

 

Cuando tomé la decisión de hacer mi certificación en Hatha Yoga en Om Yoga Marcos Jassan hace cinco años, nunca pensé que mi mayor aprendizaje sería el de oratoria y gramática, más allá de las posturas de yoga. Fue fascinante para mí regresar al mundo del estudio de la anatomía, de la fisiología, de la arquitectura y escultura del cuerpo humano y sobre todo de la filosofía de la India.  

 

Así que un nuevo nivel de lenguaje me abriría el horizonte de un mundo maravilloso que para mí aún era inexplorado. Aprender a nombrar cada parte del cuerpo y dirigir el movimiento de un punto a otro, entender cómo funciona la tercera ley de Newton en la práctica (A toda acción corresponde una reacción de igual magnitud pero en sentido contrario), y concebir la unión de mis cuerpos físico, energético, mental, intelectual y espiritual, fueron los más valiosos aprendizajes de este proceso.  

 

Así que además de haber sido un camino de autoconocimiento, ha sido de reconocimiento de muchos niveles de lenguaje.

 

Como maestra de yoga he notado que una de las posturas que en clases avanzadas se considera como postura de descanso, adho mukha svanasana  (también conocida como “perro mirando hacia abajo”- postura de cuatro puntos de apoyo en que llevamos las manos al piso a lo ancho de hombros y pies al piso a lo ancho de la cadera, cuyo principal objetivo es el alargamiento de la  espalda), para la mayoría de los principiantes es considerada como casi una tortura china, pues literalmente dejan caer todo el peso de su cuerpo en las muñecas, lo cual puede llevar incluso a fuertes lesiones. En ese sentido he llegado a entender que APOYAR no es sinónimo de CARGAR.

 

Al apoyar las manos al piso, es necesario empujarlas en dirección a la tierra y dejar que suceda la ley newtoniana para sentir la  fuerza que nos impulsa en la dirección contraria. De esta forma dejamos de cargar  todo el peso del cuerpo con las muñecas y la energía de los brazos se eleva hacia los hombros y de ahí hacia la cadera, en donde a su vez, llega la energía de los pies que empujan también hacia la tierra.

 

El reto es mantener el peso repartido entre manos y pies, así como conectar con la fuerza en el abdomen que se genera al llevar el ombligo hacia la espalda, lo cual nos ayuda a sostener la postura desde el centro del cuerpo, a través de la respiración. En pocas palabras, es una invitación a estar presentes en todo nuestro cuerpo, a crear espacio y a soltar esfuerzos innecesarios. Entender esta sutileza nos puede llevar al siguiente nivel de nuestra práctica, no solo en el tapete, si no fuera de él.

 

Cuando queremos apoyar a alguna persona o situación no tenemos que cargar. Cargar ejerce un peso totalmente innecesario y puede lastimar o causar resentimientos, no de igual forma “apoyar”. Apoyar significa solamente sostener, ayudar o favorecer al otro, sin que esto implique el descuido de uno mismo, o dar más de lo que estamos dispuestos a dar. Para esto, así como en la práctica de yoga, es preciso observar si estamos apoyando o cargando y desde qué espacio decidimos hacerlo. Es importante no olvidarnos de que el equilibrio siempre se encuentra en el centro.

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