Soltar no es sinónimo de abandonar

24/05/2017

 

 

¡Suelta! ¡Relájate! son máximas muy populares en redes sociales y en cualquier consejo de buena voluntad, una receta infalible que, si llevamos a cabo, nos garantiza satisfacción inmediata. Existen cientos de memes que sugieren que cuando al fin podamos soltar, seremos felices. Sin embargo, soltar es una empresa mucho más compleja de lo que pensamos. Esta sugerencia de soltar o dejar ir se refiere con frecuencia a un estado mental o emocional en el que nos encontramos atrapados, aferrados a una idea, sentimiento u obsesión, del cual no podemos escapar. Cuando ese estado es intenso lo podemos experimentar casi como un secuestro del alma.

 

 

Por más que sepamos que necesitamos soltar, el simple hecho de desearlo no es suficiente para lograrlo.  Es aquí en donde se activa el modo pelea o fuga del que hablan los psicólogos. Lo más común es intentar a toda costa distraernos y evadir o rechazar esas sensaciones incómodas causadas por no poder soltar a voluntad. Cualquiera de estas opciones nos impide vivir en el momento presente pues nos sentimos atorados en una situación que nos domina y sobrepasa.

 

Es como si alguna creencia estuviese instalada en nuestra mente y tomase el gobierno de nuestro ser entero.

 

Me recuerda la imagen del título de la novela de Charles Bukowski, El Capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco, pero ¿cómo hacer para que el Capitán regrese a tomar el mando del timón?  Esa es la cuestión, diría Shakespeare.

 

 

En mi experiencia sobre el mat de yoga, he llegado a encontrar una luz sobre este tema. Una de las razones por las que llegué al yoga fue que, durante varios años,  padecí de dolor crónico en la espalda alta acompañado de una fuerte contractura muscular. A pesar de ir a masaje y terapias físicas frecuentemente, el malestar era recurrente. En un principio pensé que los ejercicios de yoga, me ayudarían a solucionar esa situación y en efecto encontré alguna mejoría, pero no lograba soltar esa tensión por completo.

 

 

Fueron años después que pude entender que yo misma me estaba generando esa contractura y que por más masaje, terapia o ejercicio que hiciera, no iba a sanarlo sino a través de la conciencia. Tuve que observar las creencias limitantes de donde surgían mis patrones de tensión para lograr disolver el dolor desde su causa. Una de las herramientas que más me ayudó a entender esto fue La Técnica Alexander, que aprendí a través de mi maestra Marisa Abdala. Una de las máximas de esta Técnica es “¡Alto! Deja de hacer, observa y re dirige!” Esta técnica es una re educación en la manera en que usamos  y habitamos nuestro cuerpo.

 

 

Es así que comencé a integrar la técnica Alexander a mi práctica de yoga. Al llevar el tema de soltar a mi experiencia corporal he descubierto que en la mayoría de las posturas generalmente tensamos innecesariamente muchos músculos o áreas del cuerpo de las cuales ni siquiera nos percatamos, y que cuando el maestro nos dice suelta o relaja, tenemos la tendencia a soltar por completo la estructura y abandonar el cuerpo. Esto lo he podido constatar especialmente en la postura final de clase que se llama “savasana” y que consiste en una relajación activa, en la que muchos tienden a quedarse dormidos, como una reacción evasiva a esta presencia corporal en que sólo se trata de dejar de hacer y habitar el cuerpo sin movernos. Estamos tan acostumbrados a hacer de manera compulsiva que olvidamos cómo parar la actividad. El primer paso es respirar de manera consciente, dirigir nuestra atención a la respiración.

 

Solo desde una respiración pausada es posible reconectarnos con el observador dentro de nosotros.

 

Esta reflexión la podemos conectar a todas las áreas de nuestra vida. Entender que soltar no es sinónimo de abandonar, ha sido para mí una de las joyas que he descubierto en la práctica, pues en el fondo implica hacerme responsable de mis pensamientos, emociones y acciones. Crear espacio en mi mente y en mi cuerpo para poder acceder a una manera más consciente de vivir y habitar mi cuerpo, sin tensiones ni esfuerzos innecesarios.

 

 

Lo mismo sucede al soltar una relación o soltar el control sobre nuestros hijos, personas o situaciones. Soltar no significa que no me importen o que no volveré a pensar en eso, ni que estoy libre de emociones que me confronten. No es un abandono, es un cambio de actitud en donde me observo y acepto que no soy yo quien tiene el control del timón de otros barcos, a veces ni siquiera del mío propio. Simplemente significa que me mantengo atenta y presente en mi experiencia, y permito que se cree el espacio en que puedo acompañarme a mí y a otros desde un amor compasivo y firme a la vez. Se trata de soltar desde la estructura, es decir, mantener la conciencia de la relación de todas las capas del ser.

 

Es lo que sugiere una filosofía integral, en donde superamos el dualismo y abrazamos la dualidad de nuestra existencia.

 

Así que la próxima vez que escuches ¡suelta! tendrás un buen pretexto para observarte con nuevos ojos. Y te preguntarás ¿qué significa soltar para mí?

 

 

Tal vez sea una oportunidad para reconocer que el timón de tu experiencia es tu presencia atenta y plena.

 

 

Namasté.

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